Cuando la lista FORBES con los 100 nombres más ricos de España acaba de publicarse no hay nada más que echarle un vistazo para afirmar que más del 85% de dichos nombres son empresarios familiares, familias empresarias y/o su fortuna proviene de las mismas. Es decir, 86 empresarios familiares de los cuales 30 son mujeres. ¿Extraño? En absoluto si tenemos en cuenta que las empresas familiares suponen el 85% del tejido empresarial nacional, el 70% del PIB y más de 10 millones de puestos de trabajo en empleo privado. En nuestra Comunidad Valenciana las cifras alcanzan el 91%, unas 132.000 mercantiles familiares.

Pero ¿qué secreto tienen los negocios familiares, frente a los no familiares, que los hacen tan ricos y exitosos? Varios son sus ingredientes. En primer lugar, poseen más capital circulante  y por ello requieren de menor endeudamiento con los bancos – dado que se nutren de sus propios beneficio – tras el sacrificio que supone repartir menores dividendos al dedicar la mayor parte de ellos a reservas voluntarias. En segundo lugar, tienen una filosofía del riesgo más conservadora por lo que sus operaciones son menos arriesgadas y, por tanto, más seguras. Tercero, las empresas familiares son más antiguas y más duraderas lo que hace que generen más confianza en el tráfico mercantil que las no familiares.

Ahora bien, no todos son luces en estas mercantiles. Sus sombras las llevan a la fatídica cifra de que sólo el 1% llegan a la 4ª generación. Es por ello que, sin lugar a dudas, el punto clave en contra más importante y principal reto de las empresas familiares y familias empresarias en la actualidad – si quieren que sus hijos y nietos sigan formando parte de la prestigiosa lista FORBES- es la continuidad de estos negocios familiares. Tema que muchos empresarios familiares y familias empresarias se niegan a ver como necesario y urgente por varias razones.

Primera, porque piensan que les quedan muchos años por delante para estar al frente de sus negocios. No contemplan una codirección, dirección asistida o imprevistos ajenos a su voluntad como le ocurrió a Emilio Botín o Herberto Gut de 51 años, presidente de Prosegur, cuya viuda ocupa la 10ª posición de entre el centenar de los más ricos de España, según la famosa lista Forbes, por citar algunos. Segunda, porque creen que realizar un plan de continuidad y/o protocolo familiar es un gasto innecesario que no producen pingües dividendos a corto plazo. Nada más lejos de la realidad. La rentabilidad multifactorial de dichos documentos comienza desde el mismo día que el fundador adquiere mentalidad de continuidad del legado empresarial familiar.

Tercera, muchos creen infundadamente que sentarse a hablar con la familia sobre el futuro de la empresa es como abrir la caja de los truenos. La experiencia demuestra que es todo lo contrario: mejora la comunicación intrafamiliar y se afianzan los lazos familiares.

Hay algo muy importante a tener en cuenta. Las empresas familiares necesitan actualizarse, innovar, crecer e internacionalizarse y la primera piedra para todo ese proceso pasa por mentalizarse que hay que pactar las claves de la continuidad del negocio ahora. Quizás mañana, el mes que viene, o el año próximo, no sólo sea tarde sino imposible. Porcelanas Lladró lo intentó muy tarde y abocó a su venta o la suerte que han corrido los negocios de Jesús Barrachina, entre otros, con el cierre de la famosa cafetería Bimbi tras su desaparición, son buenas muestras de ello.

Sólo hay que fijarse en las edades de esta lista FORBES de las fortunas de empresarios familiares en España. ¿hay alguno menor de 30 años?